CIFRAS

Cada día nos desayunamos con cifras: cifras de temperaturas mínimas y máximas, cifras de mujeres maltratadas (maldita cifra), cifras de resultados electorales aquí y allá… y cifras de paro registrado.

No cabe duda que estas últimas cifras están mejorando y no seré yo quien las critique en base a la duración demasiado corta de los contratos, pues pienso sinceramente que un contrato de un día es mejor que un no-contrato; sin embargo, como profesional de la orientación laboral ejerciendo actualmente en el Servicio Público de Empleo de Galicia, cada día veo personas que siguen y seguirán formando parte de esas cifras per secula seculorum.

Las razones son varias: no cabe duda que hay personas anotadas en el SPEG que no buscan trabajo, bien porque ya cobran una prestación que les cubre su nivel de subsistencia, porque tienen cargas familiares que les impiden cumplir un horario de trabajo o sencillamente porque alguien les dijo en su día que se apuntaran para conseguir descuentos en el transporte público, en los Museos o vaya Vd. a saber por qué más.

Pero muchas otras necesitan trabajar y la cárcel de las cifras del paro tiene barrotes muy gruesos; son barrotes llamados falta de formación básica, falta de habilidades de comunicación, falta de confianza y, muchas veces, superbarrotes llamados “trámites administrativos para conseguir un empleo”.

Esta mañana vino por la Oficina de Empleo una mujer de más de 50, sin el Graduado Escolar, con una larga trayectoria profesional de atención a personas dependientes pero sin un solo contrato laboral para acreditarla. Vino a verme porque “resulta que ahora me exigen un Certificado de Profesionalidad para poder trabajar”; venía contenta, convencida de que era pan comido. Pero ella no sabía que para conseguirlo primero tendrá que examinarse de las llamadas “competencias clave”, esperando primero a que ese examen se convoque, se realice y se corrija; y tendrá que aprobar; y luego dedicar cuatro meses a realizar un curso que le otorgue dicho Certificado, siempre y cuando ese curso se programe en su zona de residencia y sea seleccionada para realizarlo…

Y se echó a llorar.

Pedirle a una persona que NECESITA trabajar que dedique 6, 9 ó 12 meses a los trámites necesarios para la obtención de un documento que le habilite para su profesión (que por otro lado es la que ha desempeñado toda su vida) es pedir mucho, quizá es pedir demasiado. Los orientadores laborales informamos, a veces aconsejamos, otras veces nos implicamos y muchas, muchas veces, vemos personas que son “engullidas” por el sistema, personas que seguirán engrosando, sin remedio, las cifras del paro y de la economía sumergida.

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