Los viejos rockeros nunca mueren

Ya lo decía Miguel Ríos. Y estoy de acuerdo. Puede aplicarse a muchas cosas y en este caso me lo aplico a mí misma.

Estos días tengo la sensación de estar cerrando una etapa; no ha durado mucho, apenas 14 meses, pero ha sido muy intensa. Cuando el año pasado recibí la llamada de la Fundación Santa María la Real para incorporarme al Programa “Lanzaderas de empleo” se abrió una ventana: aire fresco y nuevos paisajes. La experiencia no me decepcionó; todo lo contrario: ha sido una oportunidad de desarrollo, me ha permitido conocer a personas interesantes y entrañables y demostrarme, una vez más, que soy capaz de desarrollar con éxito proyectos complejos.

Estos días me siento triste al cerrar esa ventana (¿para siempre? tal vez no), pero tengo muchas ganas de seguir adelante. Hay personas que a mi edad piensan ya en la jubilación que se acerca, pero no es mi caso: a mí me encanta lo que hago. Recuerdo mi primera experiencia laboral, cuando acababa de salir del IESE queriendo comerme el mundo (23 años) y aterricé en una pequeña organización donde aprendí de verdad lo que eran los Recursos Humanos; luego desarrollé mi proyecto emprendedor en una época en la que no sé siquiera si el término “emprendedor” aparecía en el Diccionario; más tarde llegó el famoso “reinventarse” y descubrí el mundo de los Programas de empleo y la formación. Y todo ese tiempo “conciliando”, palabra que no sé si existía pero que desde luego nadie citaba. A lo tonto llevo más de 30 años en esto…

¿Qué ventana se abrirá ahora? Me apetece que se abra pronto; me apetece que se abra mucho; me apetece seguir aprendiendo y aportando. Seguramente soy una “vieja rockera”.

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Capicúa y joven

Llevo varias semanas dándole vueltas a que este domingo cumplo 55. Nunca me ha preocupado especialmente la edad, pero este año, por aquello del número tan redondo y porque al entrar en la página web de Paradores encontré ofertas para mí, entré en barrena y pensé “lo siguiente será la Tarjeta Dorada de RENFE”… Así pues, me convencí de que, irremediablemente, ya no soy joven.

Sin embargo, hoy leí una publicación de  Andrés Ortega (http://andres-ortega.com/millennial-la-actitud-que-impulsa-el-cambio/) en la que define “millenial” (que es un “palabro” asociado a los jóvenes profesionales) como una actitud que se plasma en:

  • Personas que conjugan los verbos colaborar y compartir; que desarrollan relaciones afianzadas en el “ganar-ganar”, que viven en primera persona la colaboración, por encima de todos los procesos organizativos que en ocasiones limitan la cultura “Co”.
  • Profesionales preocupados por su mejora continua, por vivir en beta. Personas que entienden que sus conocimientos hoy pueden ser insuficientes mañana para generar valor en la compañía en la que trabajan.
  • Inconformistas, disruptivos, rebeldes con una causa:cuestionar lo pre-establecido para mejorarlo. Comprometidos con la necesidad de evolucionar el marco organizativo en el que viven, siempre para mejorarlo.
  • Personas con una mentalidad abierta, que incorporan nuevas ideas, que saben no estar en posesión de la verdad absoluta y abrazan la divergencia.
  • Profesionales que necesitan saber cómo han hecho su trabajo de forma constante e inmediataque se resisten a conformarse con la evaluación del desempeño a mitad de año, porque saben que un feedback inmediato les permitirá mejorar su trabajo a diario.
  • Personas en constante búsqueda de nuevos retos, a quienes la monotonía les aliena. Profesionales que encuentran en los desafíos la mayor de las motivaciones.
  • Profesionales que emprenden e intra-emprenden; que lanzan ideas, que las mueven, que buscan alianzas para llevarlas a cabo; que asumen el riesgo de ser estigmatizados por ir contra-corriente.
  • Versátiles, multitarea, personas que necesitan ocupar sus manos y su mente en actividades diversasporque la monotonía les encorseta su capacidad creativa.
  • Personas que integran la tecnología– la que corresponda en cada momento – para saciar su curiosidad, para acceder al conocimiento necesario, para crecer y generar valor en su organización.
  • Personas que necesitan libertad y movilidad (tecnológica y mental) para ser productivos y eficientes.Profesionales que buscan el equilibrio entre la generación de valor para su empresa y su auto-realización comprometiéndose con otras causas.

 La verdad es que me he identificado mucho con casi todas.

¿Será que a pesar de los 55 sigo siendo joven?. Pues hoy pienso que sí: capicúa, joven y con descuento en Paradores.

Recursos Humanos en vivo y en directo

Cuando miro atrás, veo que llevo toda la vida (profesional) dedicada a los Recursos Humanos de una u otra manera; he trabajado en Selección, en Formación, en Emprendimiento, en Orientación… Sin embargo, hasta esta semana no había experimentado en primera persona lo que se siente cuando una Organización te acoge como uno más de la familia. Y no es que me falten recuerdos muy gratos de mi paso por algunas empresas ni de mi relación con muchas otras, que conste.

El domingo pasado llegué a la “Posada real” de Aguilar de Campoo ya de noche, para iniciar cinco días de formación en la Fundación Santa María la Real junto a otros 12 nuevos compañeros y compañeras. Hasta ahí todo normal. Pero resulta que cuando salgo de allí el viernes siguiente a media tarde me cuesta despedirme de todos y tardo en decidirme a entrar en el coche y arrancar.

¿Qué ha pasado esta semana? Pues que he vivido un Plan de acogida de Recursos Humanos en vivo y en directo. De libro, pero en la práctica. Felicidades, de verdad, a ese equipo directivo de la Fundación que ha conseguido crear sentimiento de pertenencia a la Organización en sólo cinco días; había leído cosas muy interesantes al respecto, pero no lo había visto nunca, en 30 años de experiencia profesional.

No busques trabajo, busca clientes

Hace tiempo que me dí cuenta de que el trabajo para toda la vida ya no existe. La verdad es que me dí cuenta casi al mismo tiempo que empecé a trabajar, hace ya casi 30 años. Por lo que el tema no es nuevo.
Cuando en alguna conversación de café me atrevo a asegurar aquello de “yo nunca he querido ser funcionaria”, todos me miran raro; pero lo cierto es que lo siento así.
Me declaro emprendedora de corazón, no sólo porque dirigí exitosamente una empresa propia durante 14 años y fracasé estrepitosamente en otra que no duró ni 6 meses. Me declaro emprendedora de corazón porque me gusta trabajar para clientes distintos, porque disfruto conociendo personas nuevas en cada proyecto y me pongo nerviosa el primer día de cada curso nuevo, aunque lleve impartidas más de 1.000 horas de formación.
Debo de ser un poco rara.
Acabo de terminar mi último trabajo y ayer me enteré que la situación de China nos puede traer problemas; pensé “vaya, alomejor no habría sido tan malo aprobar una Oposición”, pero fue sólo un momento…
Es cierto que fuera del confortable (¿?) interior de la Administración ya no hay trabajos para toda la vida. Pero un trabajo + otro trabajo + otro trabajo + …. hacen que al final puedas sentirte cómoda con tu vida profesional, y eso vale mucho.
Conseguir ese sumatorio es complicado; hay que estar continuamente alerta, buscando oportunidades, aceptando proyectos que no siempre son cómodos, pero si tienes claro el objetivo el resultado vale la pena.
Yo nunca busco trabajo; yo siempre busco clientes a los que poder ofrecer algo que pueda interesarles. Creo que si nos planteamos la búsqueda de trabajo, de nuevas experiencias profesionales, como una venta de lo que sabemos hacer y estamos convencidos de que nuestro “saber hacer” le será útil a alguien, al final iremos construyendo un sumatorio satisfactorio.
A las puertas de Septiembre, mi mensaje para el nuevo curso es: Construye tu propio “saber hacer” y, sobre todo, “NO BUSQUES TRABAJO. BUSCA CLIENTES”
¡Suerte a todos/as!

Queridos Reyes Magos

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Yo: Queridos Reyes Magos, este año me he portado bien. He trabajado bastante. He impartido cursos a más de una docena de grupos distintos y me he tenido que adaptar a todos ellos. Sin embargo, me ha sabido a poco…

Reyes Magos: Ay, siempre queriendo más…

Yo: Es que esto de ser “freelance” me parece estupendo, pero no deja de tener un puntito de riesgo que me mantiene inquieta por el futuro…

Reyes Magos: Como a todos.

Yo: Es verdad. Pensándolo bien, soy muy afortunada. Tengo salud, tengo familia, amigos, vivo en un sitio envidiable… ¿qué más se puede pedir?

Reyes Magos: No seas falsa; siempre queréis más. Por eso nos escribís cada año.

Yo: De nuevo tenéis razón. Pero gracias a que somos insaciables conserváis vuestro trabajo…

Reyes Magos: Humm, es cierto. Pues venga, dínos ya qué quieres que te llevemos este año.

Yo: Pues veréis, hoy he leído un artículo sobre la creatividad que terminaba con esta frase: “La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad”. Yo creo que, personalmente, he encontrado esa zona. Os quiero pedir que en la formación que imparta este año mis alumnos sean capaces de encontrarla también; que entre todos contribuyamos a disminuir el nivel de insatisfacción y elevar la motivación en las acciones formativas. Quiero pediros que la formación ocupacional  sea una oportunidad real de reciclaje profesional. También me gustaría que las acciones de orientación laboral que realice sean realmente útiles y que mis orientados y orientadas encuentren también esa zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Y quiero pediros que esa realidad sea un poco más benévola con todos.  ¿Qué os parece?

Reyes Magos: De momento nos pillas en plena Cabalgata… Deja los zapatos en la ventana y ya te diremos algo.

Pues mire usted, yo soy más bien “pájaro carpintero”

PÁJARO CARPINTERO¿Eres “cabeza de ratón” o “cola de león”?. Esta es la pregunta que se  nos hacía en el IESE a los alumnos que estábamos a punto de graduarnos en nuestro MBA, hace de esto algunos años.

Nuestro profesor se refería a la elección de empresa y puesto de trabajo: ¿queríamos incorporarnos a una gran multinacional, en la que aprender cómo se hacen los negocios a nivel internacional, o preferíamos la PYME, más local, más cercana?

En el primer caso denominaba la elección “cola de león”, porque nos resultaría complicado llegar a la cúspide de la Organización; nos podríamos convertir en todo caso (y sólo en algunos casos) en un elemento importante de alguna de las Divisiones de la Compañía; en definitiva alguien con poco poder (relativo), pero con una experiencia internacional y/o global muy interesante.

El segundo caso era el “cabeza de ratón”; lo que ahora se conoce como “CEO”, o sea, “Gran Jefe”. Desde esta posición manejaríamos la empresa y tomaríamos las grandes decisiones.

Naturalmente, en los dos casos se hacía referencia a una progresión profesional, a lo largo de los años.

A mí aquella reflexión me pareció interesante en aquel momento; en mi caso, siempre he sido más “cabeza de ratón”, pero creo que faltaba una tercera opción, que sería algo así como “pájaro carpintero”, cuyas características copio textualmente de “Wikifaunia”:

Presentan una conformación característica, con gran capacidad para trepar a los árboles y una especialización en la perforación de troncos de árboles y maderas, mediante el pico, con el objeto de extraer larvas e insectos que viven bajo las cortezas o en los troncos, y que les sirven de sustento.

Sus patas son grandes y con dedos largos, dos hacia adelante y dos hacia atrás. Las uñas son largas, y constituyen una especies de ganchos que le sirven para sostenerse en los troncos verticales. A la vez en su constitución, y para poder golpear con el pico a modo de martillo, la cola corta y rígida, les sirve de apoyo cuando son presionadas contra el árbol, y los músculos especiales que tienen en la cabeza y el cuello, lo que hace que no doblen el cuello con facilidad.

La lengua es larga (con una porción envuelta, que le permite sacarla a distancia de la boca) y retráctil. El pico, fuerte y cónico, termina en punta filosa. Debido a estas adaptaciones especiales, los pájaros carpinteros son muy eficientes en cuanto a localizar y capturar sus presas, los insectos del tallo.

Me pareció una buena definición de EMPRENDEDOR.

Cuando los curriculums eran de papel

Desengañémonos: nadie dice “currícula” (excepto si estás en un foro especializado y temes quedar mal). Como mucho decimos “currículums” y, para ser totalmente sinceros, las más de las veces yo empleo el término castellanizado (“currículus”) y su abreviatura “curris”…

Pues bien, en los tiempos anteriores a Internet los currículums eran de papel y los profesionales de la Selección (no sé si de la 0.0 ó de la 1.0) empleábamos buena parte de nuestro tiempo en abrir sobres, grapar hojas y clasificar historiales profesionales en archivadores AZ, eso sí, por orden alfabético.
La cosa no era muy glamourosa: visitabas clientes, te encargaban un proceso de selección (¡¡eureka!!) y la rueda empezaba a girar. Esa rueda era muy “manual”: nada de páginas web de empleo (¿web… qué…?); si había presupuesto, redactabas un anuncio e intentabas encajar todas las palabras en el tamaño que podías pagar del periódico; la cosa se medía por “módulos”: 1 módulo era supercutre, 2 módulos mínimo minimorum, 4 módulos empezaba a ser operativo y cuando conseguías un proceso a nivel nacional podías incluso hablar de una página entera en “El País” (periódico de referencia de la época para estos menesteres).
Naturalmente, contabas con un partner importante en este proceso de publicación de anuncios, que era tu Agencia de Publicidad. Ellos ejercían de ángel de la guarda cuando te llamaba un cliente un viernes a las siete de la tarde para publicar anuncio el domingo (“¡por Dios, mételo en imprenta como sea!”) y maquetaban el texto que les enviabas… por fax.
Recuerdo muy bien cómo eran aquellos procesos de selección masivos que en cuestión de diez días te inundaban la oficina de sobres. “Es como un concurso de la tele”, me dijo una vez un becario de la Facultad de Psicología que hacía prácticas con nosotros. Es cierto, aunque la diferencia estaba en que esos diez o quince mil sobres había que abrirlos, grapar las hojas que venían dentro y clasificarlos por provincias. Durante una semana parecíamos más una oficina de correos que una consultora de Recursos Humanos, pero lo pasábamos francamente bien reuniéndonos alrededor de una gran mesa de juntas para hacer estas tareas.
Luego venía el tema de la preselección. Aquí no había criterios de descarte automáticos, “killer questions” ni cosas parecidas. No no, aquí lo que había era una primera lectura de los diez o quince mil curriculums para decidir quién pasaba a la siguiente fase. Nos repartíamos los montones y montones de papel y pasábamos fines de semana enteros leyendo candidaturas.
Cuando los curriculums eran de papel te ponías en contacto con tus candidatos preseleccionados por teléfono (por teléfono fijo, naturalmente); hablabas con cantidad de padres, madres, maridos y mujeres y dejabas cientos de mensajes de contestador.
Estos días he estado oyendo hablar mucho de “selección 2.0”, de que las llamadas webs de empleo ya están siendo superadas por otras formas de reclutamiento y me ha venido todo esto a la memoria. No niego que me he sentido por momentos como una especie de dinosaurio de los Recursos Humanos pero, qué caray, ¡que me quiten lo bailao!.
En Sarria (Lugo), a 19 de septiembre de 2014